A los 76 años murió Jorge Dubanced, delantero formado en lDefensores que irrumpiera en la Primera División en aquel Reclasificatorio de 1967. Posteriormente, el goleador continuó su carrera en el exterior, convirtiéndose en un referente fútbol chileno. Aquí repasamos un reportaje que dio a la Revista Estadio en 1974.
Año 1971, Jorge Dubanced apoyado en la pelota.
Las 20 horas. Hall del Hotel O'Higgins, en Viña del Mar. Jorge Roberto Dubanced nos espera conversando con alguien. Nos presenta y explica: "Vea, pero qué chico es el mundo; este muchacho es brasileño y jugó conmigo en el Lusitania, en Sudáfrica. No nos veíamos desde entonces. Él anda de paseo, quiso conocer Viña y, es claro, se dio una vuelta por el Casino. Como yo tenía que hacer hora para encontrarme con usted, me metí a la ruleta, lo que no hago nunca, porque la timba no me tira, y vea qué sorpresa nos llevamos... No hay qué hacer, viejo, qué chico es el mundo..." Con la presencia de su ex compañero, empieza la entrevista. Dubanced nos larga su historia de una hebra: "Debuté a los 16 años en Tepleman, en 1966, y de ahí me sacó Defensores de Belgrano, para que jugara por ellos en la liguilla entre los seis primeros de la Primera "B" (equivalente al ascenso chileno) y los seis últimos de la Primera. Al año siguiente pasé a Argentinos Juniors, un club de lucha, de mucho esfuerzo, de fútbol vigoroso como el de Wanderers. Y anduve bien, ¿sabe?... Pero ocurre que yo debo tener alma de golondrina, porque aún sin salir de Buenos Aires estaba siempre 'cambiando de aire'. De Argentinos Juniors fui a Deportivo Morón en 1970 y al año siguiente volví a Defensores de Belgrano. Allí estaba cuando se produjo la huelga famosa y aunque nunca tuve vocación de líder y menos de 'agitador', se me tildó de 'cabecilla'. Y..., usted sabe lo que pasa en estos casos... Decidí entonces comprar mi pase para negociarlo, hipotequé mi casa, vendí unas cuantas cosas, me conseguí plata, ¡yo qué sé!" El ansia de viajero se había despertado ya en Jorge Roberto Dubanced, pero debió esperar todavía un poco para satisfacerla. "Por entonces se me habló para integrar un equipo que viajaría por todo el mundo, con cracks que habían quedado libres: Rattín, Madero, Bilardo y otros cuantos estaban en la lista, pero la gira no llegó a concretarse porque nadie habría podido jugar contra ese cuadro, que no era de ningún club afiliado. ¿Me comprende?..." Pero a mediados de 1971 ya estaba embarcado para Sudáfrica. —¿Cómo fue eso, Jorge? —Y..., apareció un emisario que buscaba jugadores para el fútbol sudafricano y ahí engrané yo, específicamente con el Lusitania, un equipo formado por jugadores portugueses en su mayoría. Y acerté. Allá encontré un buen ambiente, excelentes amigos, como éste, Iván Araujo (el brasileño que lo acompaña), una vida fácil con alto standard. Y para completar el panorama el Lusitania ganó el campeonato del 71. 
Santiago Wanderers fue el trampolín para llegar al Colo-Colo
—¿Qué características le llamaron la atención en el fútbol sudafricano? —Primero, que se juega en dos grupos, uno de jugadores blancos y otro de negros. Usted sabe cómo es eso del problema racial en el país. Son dos competencias aparte. Luego que el público es de los más entusiastas que he conocido. No es frío como el de Chile, acá se aplauden las jugadas pero sin continuidad ni estruendo; allá se grita los 90 minutos. En Sudáfrica usted encuentra jugadores de todas las nacionalidades; me encontré con brasileños, argentinos, ingleses, alemanes, ¡yo qué sé!, hasta un chileno me encontré... "Como predominan los entrenadores europeos, el fútbol por allá se esquematiza cada vez más, quitándole la inspiración, la picardía que dicen que tenía... Se juega mucho al pique y a la entrada profunda. En Sudáfrica se gana dinero porque el futbolista profesional, al firmar su contrato con un club, firma también por un trabajo anexo, de manera que tiene dos rentas. Yo me hacía en total 800 dólares mensuales y aunque la vida es cara, se puede pasar perfectamente con 300..." —¿Y por qué el regreso, Jorge? —Vea, cumplida la temporada vine a descansar, a ver a la familia a Buenos Aires. Para no perder mi estado físico fui a entrenar a Racing y ahí conocí a Mario Griguol, que fue jugador de Wanderers. Me entusiasmó porque viniera a Valparaíso, él mismo hizo los contactos.

Aquellos goles en Defensores
Año 1967: 6 partidos, 3 goles.
Año 1968: 14 partidos, 6 goles.
Año 1971: 19 partidos, 4 goles.
3 a Temperley
2 a All Boys
2 a Estudiantes (BA)
2 a Newell´s
1 a Atlanta
1 a Dep. Morón
1 a Excursionistas
1 a Liniers