Hay partidos que, con el paso del tiempo, adquieren una dimensión especial. No solamente por el resultado, sino también por los protagonistas que estuvieron del otro lado. Para Defensores de Belgrano, los enfrentamientos ante Central Córdoba de Rosario tienen ese condimento particular: enfrentar a Tomás Carlovich, uno de los futbolistas más admirados y mitificados de la historia del club rosarino.
El primer cruce se produjo en 1974, en el Juan Pasquale. Allí, Defensores se impuso por 2 a 0, en un partido en el que las crónicas de la época destacaron la iniciativa del conjunto de Núñez frente a un Central Córdoba que había llegado con la intención de especular. El Dragón, en cambio, salió a buscar el partido y encontró en el toque de Oscar T. López, Roberto Santiago y Juan José Tamburrino algunos de sus argumentos para manejar la pelota.
La crónica rosarina de aquel encuentro resulta especialmente significativa al referirse a Carlovich. Destaca su extraordinaria capacidad para tocar y tener la pelota, manejándola con una delicadeza poco habitual, pero también señala que Central Córdoba terminó agrupándose atrás y dependiendo de que la pelota llegara a los pies del Trinche para que este pudiera ponerla “bajo la suela”. El problema, según el propio relato periodístico, fue que le faltó compañía para continuar con esa propuesta y allí fue donde prosperó Defensores.
El Dragón terminó imponiéndose por 2 a 0 y la victoria tuvo, además, el valor de haber neutralizado a un jugador que ya comenzaba a construir alrededor de su fútbol una fama muy particular.
La revancha fue en Rosario y esta vez la historia fue diferente. Central Córdoba ganó 4 a 1, en una actuación eficaz de los charrúas. Defensores intentó inicialmente lastimar de contragolpe, pero Córdoba hizo el gasto del partido y consiguió marcharse al descanso con una ventaja importante. En la segunda etapa, el conjunto de Núñez procuró descontar y por momentos buscó ponerse nuevamente en partido, aunque la defensa local se mantuvo firme y Central Córdoba encontró espacios para contraatacar.
El tercero de los goles rosarinos llegó precisamente después de uno de esos contragolpes y fue convertido por Carlovich. El cuarto, apenas unos minutos después, terminó de sentenciar el encuentro. Esta vez sí, el Trinche pudo dejar su nombre entre los goleadores de un partido frente al Dragón.
Hubo que esperar hasta 1983 para que Defensores y Central Córdoba volvieran a encontrarse. Para entonces, Carlovich ya no era aquel futbolista de comienzos de los años setenta que había deslumbrado con su técnica y su particular manera de relacionarse con la pelota. El paso de los años había modificado su papel dentro del fútbol, pero su nombre seguía teniendo un peso enorme en la historia del conjunto rosarino.
Carlovich y Arbelo en la disputa de la pelota.
En el primer enfrentamiento, disputado en Núñez, Defensores se impuso 3 a 1, mientras que en la revancha volvió a imponerse el Dragón, esta vez por 2 a 1, en la cancha de Newell’s.
Carlovich era un mediocampista de juego pausado, pero con una velocidad de pensamiento que compensaba largamente su escaso despliegue físico. No necesitaba correr detrás de la pelota: prefería recibirla, protegerla y hacerla circular, con una técnica que le permitía salir de situaciones complicadas mediante la gambeta, el pase preciso o alguno de sus recursos de potrero. Las crónicas de la época y los testimonios posteriores coinciden en destacar su zurda, su visión de juego y su capacidad para manejar los tiempos del partido.
Entre sus recursos más recordados estaba el llamado “doble caño”, una gambeta en la que conseguía pasarle nuevamente la pelota entre las piernas al mismo marcador que acababa de superar.
También había un costado menos idealizado. Era un futbolista poco afecto al sacrificio físico y con una relación bastante particular con las exigencias del fútbol profesional. Justamente esa combinación de enorme talento y escasa predisposición para ciertas obligaciones terminó formando parte de su leyenda.








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