Delfín Benítez fue un futbolista argentino cuya trayectoria encarna el espíritu del ascenso: perseverancia, capacidad goleadora y una profunda conexión con el fútbol de barrio. Nacido el 12 de abril de 1940 en el barrio porteño de Once, su vida estuvo marcada desde temprano por el deporte, en un entorno donde el fútbol era parte esencial.
Su primer contacto con el profesionalismo llegó con apenas 17 años debutó en la primera división de Huracán, una experiencia tan temprana como breve, ya que ese mismo año decidió alejarse momentáneamente del fútbol competitivo. Sin embargo, lejos de tratarse de un final, ese retiro sería apenas una pausa antes de una segunda etapa mucho más extensa y prolífica.
Benítez regresó al fútbol en 1965 con la camiseta de Piraña, en las categorías de ascenso. Allí protagonizó una temporada extraordinaria: convirtió 45 goles en un solo año, una cifra impactante que lo posicionó rápidamente como uno de los delanteros más letales.
Su rendimiento no pasó desapercibido, y fue adquirido por General Mitre, también en la Primera D. Con este equipo alcanzó un nuevo hito: se consagró campeón, logrando el ascenso a la Primera C, y además volvió a terminar como goleador del torneo con 29 tantos. Esta doble consagración consolidó su reputación como artillero confiable.
El salto definitivo llegó en 1967, cuando fue transferido a Ferro Carril Oeste por 300 mil pesos, según registros periodísticos de la época. Así, Benítez pasó directamente a la Primera División, un logro notable considerando su recorrido, en Oeste apenas disputó 2 partido del torneo Nacional.
A partir de entonces, desarrolló una extensa carrera que lo llevó por múltiples instituciones del fútbol argentino y también del exterior. Jugó en Unión de Santa Fe y Almagro.
En 1972 llegó a Defensores de Belgrano donde se coronó campeón de Primera C, reafirmando su capacidad para ser protagonista en equipos competitivos. En su primer torneo vistiendo la casaca roja y negra jugó 12 partido y anotó un gol ante El Porvenir. Ya en Primera B fue parte del equipo en 1973 y 1974. En esa categoría completo 28 partidos y 4 goles.
Su olfato goleador se mantuvo intacto incluso con el paso del tiempo: en 1975 paso a Colegiales, ya con 35 años, fue nuevamente goleador de la Primera C con 28 tantos, en 35 partidos un registro notable para su trayectoria.
También formó parte de otros clubes como Deportivo Riestra y Fénix, donde en 1976 decidió poner punto final a su carrera como jugador profesional. A nivel internacional, tuvo un paso por Rangers de Talca en Chile.
En el plano familiar, el fútbol también era parte de su identidad. Era sobrino de Delfín Benítez Cáceres, destacado delantero paraguayo que dejó su huella en clubes como Boca y Racing en los inicios del profesionalismo. Esta herencia futbolística se proyectó también en la siguiente generación: uno de sus hijos, Claudio Benítez, se desempeñó como árbitro en el ascenso argentino.
Tras su retiro, Benítez continuó ligado al fútbol desde otro rol. Se recibió de director técnico en 1980 y se dedicó intensamente a la formación de juveniles. Trabajó con numerosas divisiones inferiores y logró un título en 1987 al consagrarse campeón con un equipo infantil de AFA. Su labor como formador tuvo un impacto duradero en muchos jóvenes futbolistas.
Dejó una huella profunda como entrenador y educador deportivo. Su compromiso con el desarrollo del fútbol desde las bases fue reconocido de manera especial: el estadio donde hizo de local Yupanqui, ubicado en Savio 80, lleva su nombre como homenaje.


